Covid-19 y niñez

Germán Vargas Farías

Desde el inicio de la pandemia, y durante todo el tiempo que permanece entre nosotros, hemos creído que el COVID-19 afecta mínimamente a las niñas, niños y adolescentes. Es posible que nos hayamos equivocado.

La creencia, sin embargo, se ha apoyado en cifras y datos reales. La mayoría de muertes se han producido entre personas adultas mayores o con comorbilidades, los síntomas entre las personas más jóvenes siguen siendo leves, y los estudios realizados sobre afectación a niñas, niños y adolescentes son limitados.

En Perú, como en prácticamente todo el mundo, la variante Ómicron, más infecciosa y transmisible que las anteriores, nos recuerda que la pandemia no ha terminado. Las cifras del Ministerio de Salud confirman este aserto. En la semana del 24 al 30 de julio se registraron 70, 772 casos nuevos de personas contagiadas de covid-19, y 256 personas fallecieron en ese mismo periodo a causa del virus. En la semana previa, del 17 al 23 de julio, se contagiaron 89,464 personas, y fallecieron 181. Evidentemente, si contamos 437 muertes en dos semanas es que estamos bastante lejos del fin de la pandemia.

Del 24 al 30 de julio se registraron 6,464 nuevos casos nuevos de niñas, niños y adolescentes contagiadas de covid-19, habiendo fallecido 7 en esa semana”

Cuando hemos hablado del impacto de la pandemia en la niñez y adolescencia, por lo general nos hemos referido a la educación y a la salud mental en situaciones estresantes nada propicias para su bienestar. Sin duda, prestar atención a esos factores es muy importante, y lo es también revisar las fatalidades y contagios a causa del covid-19 entre las niñas, niños y adolescentes.

El Ministerio de Salud informa que del 24 al 30 de julio se registraron 6,464 nuevos casos nuevos de niñas, niños y adolescentes contagiadas de covid-19, habiendo fallecido 7 en esa semana. Del 17 al 23 de julio se contagiaron 10,984, y fallecieron 5. Disminuyó el número de contagiados de una semana a otra, pero se incrementó el número de fallecidos.

Aunque la situación sea mejor que hace un año, la muerte de 12 niñas, niños y adolescentes en dos semanas indica que sigue siendo grave.

Se ha conocido casos diversos de suspensión temporal de las clases presenciales debido al contagio de estudiantes y docentes. Se trata de medidas razonables y acorde con lo establecido por las autoridades, pero que no olvidemos que es más beneficioso tener las escuelas abiertas que cerrarlas.  Los niños y las niñas tienen más probabilidades de contraer el virus fuera del entorno escolar.

De lo que se trata, entonces, es de adoptar las medidas adecuadas. La vacunación es la más importante, la más efectiva y debiera comprender a todas las edades. Un dato, 4 de las 7 muertes registradas en la última semana de julio corresponden a pequeños de 0 a 5 años. Seguir dejándolos para el final, es exponerlos, y no solo al contagio.

Si bien no es sencillo, en la escuela y en otros espacios se debe insistir en la conveniencia del distanciamiento físico. También en la ventilación de los ambientes donde frecuentan, en el lavado o desinfección habitual de las manos, y en el uso permanente y correcto de las mascarillas.

La protección de las niñas, niños y adolescentes es, debe ser, una prioridad para el Estado y la sociedad en general. La inmunización y el cuidado de las niñas, niños y adolescentes en el contexto de la pandemia es tan importante, como garantizar con una mejor y mayor inversión los derechos de la niñez y adolescencia. No se deben postergar.

     
 

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