El extremismo político… sus razones y perspectivas

Ps. Richard Borja
Director Instituto Peruano de Psicología Política

La irrupción avasalladora de Antauro Humala a la escena política, el rol protagónico de López Aliaga y Pedro Castillo en las elecciones pasadas, el desencanto con las instituciones democráticas mejor consensuadas a lo largo de la historia republicana – el parlamento y el poder judicial – dan cuenta de que estamos viviendo momentos extremos.

Desde la academia ha existido un cierto consenso por condenar el extremismo político y situarlo lejos, más allá de las «zonas seguras» de toda democracia; sin embargo, ese consenso se ha ido desbaratando por efecto de la realidad política que no se ha mantenido dentro de los márgenes de ese riesgo advertido. Sólo algunos ejemplos:

En Suecia, país de referencia para las voces moderadas de América Latina, los Demócratas de Suecia, partido calificado de extrema derecha, ha quedado en segundo lugar y será clave para conformar un nuevo gobierno, sacando de juego a los socialdemócratas y moderados.

En Reino Unido, Liz Truss, quien sorpresivamente accedió al cargo de primer Ministro luego de la renuncia de Boris Johnson, es lo más extremo dentro del conservadurismo británico en estos momentos; su creciente comparación con Margaret Tatcher, da cuenta de su perfil de hierro.

En Hungría, Viktor Orban renovó un nuevo mandato con una mayoría incuestionable y en Italia, el partido calificado de extrema derecha «Hermanos de Italia» liderado por la ex periodista Giorgia Meloni ganó sorpresivamente las elecciones hace unos días y podría convertirse en la primera mujer que ocupe el cargo de primer ministro.

En la socialista Francia, el Frente Nacional, un partido nacionalista y de claro rótulo extremista, estuvo disputando el poder al reelecto Macrom; ganando espacio y poder en cada elección, desde su fundación hace más de una década por Marie Le Pen.

Podemos citar más ejemplos, pero es claro que las propuestas políticas calificadas de extremas, han ganado un importante espacio de poder social e influencia en Europa. Un momento clave podemos situarlo en la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, desde donde ha irradiado una actitud política agresiva, confrontacional y definitivamente antisistema; con una fuerte vocación patriota y nacionalista, invocó la recuperación de valores tradicionales y la defensa de la familia, la vida y en contra de la inmigración, con una apuesta por políticas de seguridad de mano dura. Su eco suramericano más notorio ha sido Jair Bolsonaro, quien ha dejado su huella en el gobierno de Brasil, y donde pese a la crisis que golpea al mundo entero, viene mostrando unas cifras deflacionarias que por ahora mantienen los precios y protegen los bolsillos de sus ciudadanos. Pero vayamos a la pregunta.

¿A qué se debe el crecimiento de las propuestas políticas extremistas?

Semanas antes de las elecciones, la todavía primer ministro sueca decía: «La extrema derecha tiene ideas muy alejadas de la mayoría del pueblo». Una prueba de que está equivocada, es que en estos momentos está a punto de ser relevada por esa extrema derecha, que se ha convertido por los votos del pueblo, en la segunda fuerza política de ese país. Eh ahí la clave.

Mientras el centrismo de consenso que representa el actual sistema acusa a los partidos con vocación nacionalista y antiglobalista de «extremistas»; el pueblo, que padece el día a día de una agenda frívola, de excesiva pasividad ante la inseguridad, que sufre el abandono de una clase política que abandonó la agenda social de tipo material para sustituirla por otra de tipo postmaterial, que hizo de las libertades y la democracia un patrimonio partidista con formas poco libres y que insulta a la familia, la vida y la historia. Ese mismo pueblo, ve que la única forma de salir de ese sistema opresor que se viste de democrático, moderado y de consenso, es moverse hacia un extremo y hacer de ese movimiento, un acto de rebeldía y determinación, pues no ven como extremista al que muestra un camino; sino, consideran a estas circunstancias, extremas. Ojalá lo podamos entender a tiempo y dejar de acusar al que piensa distinto, de extremista.

     
 

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