Entre la formalidad e informalidad

CPC Mto. César Augusto Kanashiro Castañeda

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha definido la economía informal como «todas las actividades económicas realizadas por los trabajadores y las unidades económicas que no están cubiertos o que están insuficientemente cubiertos por acuerdos formales». El FMI ha descrito la economía informal como actividades no reguladas en la agricultura, el comercio minorista y la economía de plataformas y la ha definido como una red de seguridad para los pobres, caracterizada por los bajos ingresos, la baja productividad y el acceso limitado a las prestaciones gubernamentales. Resumiendo, diremos que la economía informal es la parte de la economía general que se desarrolla fuera de los marcos normativos formales de gobierno.

La economía informal se distingue generalmente de la economía ilícita, sin incluir actividades como la producción de estupefacientes. En el caso de los trabajadores, la informalidad puede incluir el trabajo por cuenta propia, así como el empleo informal en empresas formales o informales. Para las empresas, la informalidad incluye el hecho de operar al margen de los marcos fiscales, de registro y de otros marcos jurídicos y reglamentarios.

La informalidad representa un desafío complejo con múltiples impulsores y variaciones basadas en las circunstancias nacionales. En la literatura académica, existen dos perspectivas principales sobre las causas de la informalidad. La primera considera que la informalidad es un síntoma de subdesarrollo. Según este enfoque, la economía informal es el resultado de la baja productividad de los trabajadores y las empresas. Esto se debe a factores estructurales, como la falta de capital físico, el bajo nivel educativo y determinados factores sociodemográficos (como una alta incidencia de población joven y rural). Según esta perspectiva, las políticas para reducir la informalidad deben destinarse a aumentar la productividad laboral y empresarial.

La segunda perspectiva considera que la informalidad es el resultado de una mala gobernanza. Por consiguiente, es la respuesta del sector privado a una economía excesivamente regulada y a un Estado ineficiente. Según este enfoque, las empresas optan por desarrollar su actividad en el sector informal cuando los costes asociados al cumplimiento de la normativa superan los beneficios que trae consigo el hecho de acceder a los servicios públicos ofrecidos a las empresas formales. Si la informalidad es el resultado de una gobernanza deficiente, las políticas deberían centrarse en mejorar el entorno normativo y los servicios públicos. Ambas perspectivas ofrecen importantes enfoques. La informalidad es un fenómeno complejo y polifacético, que no puede atribuirse a una sola causa.

La informalidad está profundamente relacionada con la ausencia de crecimiento económico, y especialmente con el crecimiento impulsado por la productividad. Las diferencias entre las empresas formales y las informales son notables. Un estudio reveló que la productividad de una empresa informal media de una economía emergente o en desarrollo es un 75 % menor que la productividad de una empresa media del sector formal.

Las razones que explican estas diferencias suelen ser políticas deficientes o un marco jurídico e institucional nacional inadecuado que no propicia el desarrollo de empresas formales. Algunos ejemplos de estas deficiencias son unas políticas inapropiadas en materia de educación y formación, unas instituciones débiles, altos costes de transacción, el exceso de regulación, unos sistemas administrativos propensos a la corrupción e ineficaces, una tributación compleja y prohibitiva, la ausencia de derechos de propiedad, la falta de acceso al crédito y la ausencia de un sistema jurídico y judicial estable y facilitador.

El Banco Mundial ha calculado que, en los mercados emergentes y las economías en desarrollo, donde la economía informal está más generalizada, representa aproximadamente un tercio de la producción y más de dos tercios del empleo. En las economías de mercados emergentes y en desarrollo (EMDE, por sus siglas en inglés) con la informalidad más extendida, el 46 % del PIB procedía de la economía informal —el doble de la proporción de la producción informal en los EMDE con la menor informalidad. En África Subsahariana, Europa y Asia Central y América Latina y el Caribe, la proporción del PIB procedente de la economía informal se situó en torno al 40 %, de media, entre 2010 y 2016.

Por su propia naturaleza, la economía informal se caracteriza por una serie de atributos negativos. Se asocia a la baja productividad y a la pobreza. Los particulares y las empresas de la economía informal tienen más dificultades para acceder al capital, al crédito, a la tecnología, a los mercados y a las instituciones. Para los trabajadores puede entrañar un mayor riesgo financiero o menores rendimientos de su trabajo. Está relacionada con unas condiciones de trabajo inferiores, la inseguridad laboral y la falta de acceso a las prestaciones estatales y a la seguridad social. Para los gobiernos, se traduce en menores rendimientos, lo que afecta a su capacidad de crear instituciones y prestar servicios al público.

25-01-2023

     
 

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