Gabriela Sevilla ¿embarazo psicológico o embarazo político?

Ps. Richard Borja
Director Instituto Peruano de Psicología Política

Catalina era una mujer de cuarenta y dos años, que durante más de veinte intentó ser madre. Un problema relacionado a la generación de óvulos le negó ese anhelo y la condenó a la frustración existencial que implica su incapacidad para concebir un hijo, hasta que un día sintió que estaba embarazada, tenía los síntomas, el vientre le empezó a crecer y finalmente se dijo así misma. Estoy embarazada.

La pseudociesis o síndrome de Rapunzel es el nombre con que se conoce a los embarazos imaginarios o embarazos psicológicos y a diferencia del caso que ha tenido en vilo a todo el país en la última semana, no se trata de una argucia o engaño; sino, de una genuina sensación de embarazo de la cual la persona está completamente convencida pues incluso padece los síntomas de un embarazo normal, con la única diferencia de que no hay un feto en el útero de la mujer. Estos casos son muy raros y en la mayoría de situaciones están relacionados a eventos traumáticos y cuadros psicóticos.

El embarazo político, es cómo podríamos definir a toda situación que se orienta a dificultar y estorbar el curso de ciertas acciones emprendidas por el opositor o contendiente político. No tiene nada que ver con el acto de gestar una nueva vida dentro del vientre. El embarazo político se sostiene sobre la acepción del verbo embarazar como sinónimo de impedir, estorbar o retardar algo. En este caso, la acción política del contrario o de una institución. ¿Les suena?

Gabriela Sevilla ha sido la protagonista de una nueva crónica peruana que ha logrado captar la atención de todo un país, sea para apoyarla o criticarla; o para buscar a partir de su inverosímil historia una relación con los movimientos de ficha que en estos momentos está dándose en la política nacional, donde las denuncias fiscales y nuevos hallazgos vienen complicando más la permanencia en el cargo del señor Castillo. La pregunta que todo el país se hacía era: ¿Estaba embarazada o no?

A estas alturas y con toda la evidencia acumulada, parece evidente concluir que no estuvo embarazada cuando dijo estarlo; lo que no está claro es si su caso puede estar enmarcado dentro de lo que sería un embarazo psicológico o un embarazo político. En el primero de los casos es una mujer que a partir de algunas experiencias duras puede haber desarrollado el síndrome de Rapunzel y llegar a sentir y creer que estaba realmente embarazada. Necesitaría ayuda psicológica y su sentencia en el juicio de la opinión pública puede ser absolutorio. Pero, de no ser ese el caso y ser una pieza tácticamente desplegada en el marco de un embarazo político, su sentencia sea probablemente la de una persona falsa e inescrupulosa.

Esta columna no busca sentencias, pero asume con cruda realidad que nuestra sociedad se construye sobre la base de ellas y al margen de lo que pueda escribir, habrá sentencias absolutorias y condenatorias, posiciones de trinchera que la ataquen y que la defiendan. Ya el Ministerio de la Mujer ha aprovechado el contexto para revelar las cifras de desapariciones de mujeres en el año 2022. No hay estadísticas de las desapariciones de varones; pero, se presume que son el doble. Las razones son varias, pero el problema como tal no tiene género, hay personas que indistintamente de su sexo son secuestradas y asesinadas y no deberían ser segregadas, pero hay casos en que una desaparición no significa una tragedia. En muchos casos estás desapariciones son el rompimiento con una historia y el comienzo de otra, una huida de las circunstancias actuales por el riesgo o la esperanza de otras nuevas y mejores.

Si algo necesita nuestra sociedad es alejarse un poco de los espacios comunes a los cuales nos conducen las narrativas imperantes, necesitamos espacio y paciencia para escrutar cada hecho de la realidad y someterla a prueba para darle tal valor y categoría. Hoy vivimos un tiempo en el que la realidad tiene muchas capas, una sobre otra y cada quien termina eligiendo aquella que mejor se le acomode, aunque en esa tarea que puede resultar cómoda, se pierda la esencia de lo que significa. El caso de Gabriela Sevilla debería servir de ejemplo, más allá de si está ligada a un embarazo psicológico o a uno político.

     
 

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