La cadena se rompe por el eslabón más débil

Teresa Chara de los Rios

Cada vez es más real ese dicho «la cadena se rompe por el lado más débil». Estamos viviendo una situación socioeconómica y política difícil, complicada; pero, sobre todo, azuzada por los grandes y poderosos medios de comunicación, que nos venden la percepción de que estamos en una situación de ingobernabilidad y que la única solución es la vacancia o renuncia del presidente de la república.

Vendrán nuevas autoridades, cambiarán los nombres, cambiarán los rostros, pero la forma de pensar, actuar y de aprovechamiento de los recursos públicos se repite. Tarde o temprano será lo mismo. Hablan de combatir la corrupción y cuando llegan, forman parte de ella.

Nadie puede negar que los precios de los alimentos y productos básicos han subido, las tarifas eléctricas ni qué decir por más que tratemos de ahorrar apagando luces y desconectando artefactos, no bajan las cuentas de luz. El gas, artículo imprescindible para cocinar los alimentos se ha incrementado causando gran malestar en la población. Esto también afecta a los miles de restaurantes y de comida rápida que en su interior albergan trabajadores a los que se les debe pagar sus sueldos, pagar los servicios básicos e impuestos.

También es cierto que el presidente sigue cometiendo errores en la toma de decisiones. Suspender un día de trabajo después de un largo periodo de confinamiento, disponerlo casi a la meda noche cuando la mayoría de personas están durmiendo. Esto causó gran malestar en la población. Había citas médicas esperadas desde meses y para ello las personas viajaron desde las regiones hacia Lima. Todo eso se postergó.

Definitivamente el presidente puede ser una persona poco preparada, pero debe rodearse de los mejores asesores y al parecer no lo ha hecho ni lo sigue haciendo.

Esta medida temporal no solo ha sido inútil, sino ha sido la gota que derramó el vaso y desbordó la contención de la población ante un periodo largo de pandemia, falta de oportunidades laborales y alzas en los productos básicos, desencadenando que salieran a las calles a protestar. Los actos vandálicos que han ocurrido en las marchas, son cometidos por infiltrados que no actúan gratuitamente y están bien dotados de todos los materiales para hacer daño a la propiedad privada y a las personas, eso se tiene que investigar y sancionar.

Si bien es cierto que estamos en una situación crítica, los grandes medios de comunicación se regodean orientando a sus periodistas para que exageren la situación, exacerben los ánimos de la población a toda hora, no cesan de hablar de las ineficiencias del actual gobierno y hasta entrevistan politólogos que echan más leña al fuego.

Desde mi perspectiva ciudadana, nunca he visto tanto ensañamiento como lo hacen ahora con el presidente actual, dicho sea de paso, ya él venía con serias deficiencias personales y profesionales, que les facilita el ataque certero y despiadado. Lo malo que estos poderes no quieren vacarlo o presionarlo para que renuncie porque no está haciendo una gestión eficiente, sino porque quieren tener el control y poder del país, no les importa la población, ni sus necesidades. Ellos siempre han gobernado directa e indirectamente y se han enriquecido mediante contratos y grandes concesiones que ven peligrar.

Pero hay algo más que es bueno recordar. Cuando ganó Pedro Castillo, más de un candidato perdedor declaró que iban a empezar a realizar acciones en contra de la población, como el alza del dólar, lo cual fue una realidad para «castigar a las personas que habían votado por él» «para que se arrepientan» y no hay que ser muy inteligentes para darnos cuenta que eso viene ocurriendo.

Hoy ya escuchamos a cierto sector de la población que votaron por él, estar arrepentidos porque consideran que el presidente tiene la culpa de que las cosas suban de precio, lo cual no es cierto y tampoco está dentro de sus atribuciones subir o bajar los precios de los productos, salvo aquellos sujetos a control de precios, que no es el caso. Son las reglas de juego del mercado neoliberal en el que vivimos, donde las empresas monopólicas están manipulando o creando escasez artificial para desesperar a los hogares, sobre todo a los más empobrecidos.

Como observamos hay luchas de poder político y económico, todos dicen que lo hacen en nombre del pueblo y en verdad ha quedado demostrado que es el pueblo el eslabón más débil de toda esta cadena de ambición.

     
 

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