La calidad universitaria

 

Christian
Martel Carranza
Nathalie
Torero Solano

Actualmente la calidad de las universidades a nivel de América Latina y en especial del Perú, poseen un gran reto en el entorno mundial para lograr alcanzar estándares internacionales. Hoy en día se debe articular en la formación de los estudiantes un currículo que incorpore no sólo conocimientos e investigación, sino habilidades, valores y competencias necesarias que le permitan tener un sentido crítico, transformador y renovador para la sociedad. Ante ello el rol del docente es fundamental ya que permitirá que los estudiantes se desempeñen de manera pertinente y satisfactoria en un mundo cambiante y complejo (Bozu y Canto, 2009).

Hoy en día el concepto de calidad es multívoco, por lo que tener una definición exacta es imposible, pues al conllevar los valores del usuario, es altamente subjetiva. Gonzales y Espinoza (2008), refieren que la calidad en educación es un concepto relativo para quien usa el término y las circunstancias en las cuales lo invoca. La calidad en educación superior puede tener diferentes acepciones: como excepción, perfección o consistencia, aptitud para el logro de una misión o propósito, como valor agregado y como transformación del estudiante (Dextre, Tejedor y Romero, s.f.)

Para lograr la calidad en las universidades, estas deben superar el deficiente papel que tienen en cuanto a la promoción de la ciudadanía, el escaso desarrollo de la ciencia y tecnología y la poca relación que existe entre la formación y el desarrollo de competencias para la empleabilidad. (Lineamientos de Política para el Aseguramiento de la Calidad en la Educación Superior Universitaria: aportes y recomendaciones, 2015).

Los rankings para medir la calidad en las universidades, se dan en el entorno internacional y se generan en base a la producción de investigación. Resulta importante reiterar que los rankings no presentan una evaluación comprehensiva de las universidades ya que las actividades relacionadas con la formación, extensión universitaria, difusión de la cultura y atención a diversas responsabilidades y compromisos con la sociedad, están prácticamente ausentes de los rankings siendo todas ellas, funciones sustantivas de las universidades (Ordorika, 2015). Por otro lado cabe señalar que la mayoría de los rankings, no constituyen una fuente de información sobre sistemas nacionales, por ello, se sostiene que los rankings internacionales, no son herramientas útiles para evaluar la calidad de las instituciones de educación superior (Ordorika, 2015).

En el Perú, una primera fase de expansión de las universidades privadas se inició en la década de 1960, a la par del crecimiento demográfico y las crecientes demandas educativas y de movilidad social de la población migrante del campo a la ciudad. Bajo estas nuevas condiciones se produjo la expansión de la oferta y con ello del acceso a la educación superior universitaria, pero sin una adecuada regulación de la calidad de la formación ofrecida. Lo mencionado anteriormente puede ser la causal para que a nivel internacional la calidad de las universidades peruanas sea percibida como baja, ya que de acuerdo al estudio de la Universidad Shanghai Jiao Tong en el año 2014, ninguna universidad peruana aparece dentro de las 500 mejores universidades a nivel mundial. Esta situación se refleja también en el estudio realizado por la firma Quacquarelli Symonds (QS) publicada en el mismo año. Además, según esta última, sólo hay tres instituciones peruanas entre las mejores 100 de Latinoamérica para el año 2014.

Esta situación presentada anteriormente se ve reflejada en América Latina, que en el año 2005 sólo logró incluir siete universidades entre las 500 mejores universidades del mundo, mientras que Europa contó con 205, Norteamérica con 191 y Asia Pacífico con 93. (Lineamientos de Política para el Aseguramiento de la Calidad en la Educación Superior Universitaria: aportes y recomendaciones, 2015).

Por ello es importante que la universidad se comprometa con el estudio y la solución de los grandes problemas sociales; formando profesionales capaces de producir liderazgos dentro de una sociedad en construcción. La producción de investigación científica y de desarrollo tecnológico, deben considerarse como ideas de modernización, pero también como un mecanismo de universalización del conocimiento (Acosta, 2005).

Para tal efecto se espera mucho del papel que juega el profesorado y es que más de transmitir abundante información, debe promover el desarrollo de competencias como garantía para que los sujetos puedan seguir aprendiendo a lo largo de su vida y se desempeñen de manera pertinente y satisfactoria en un mundo cambiante y complejo (Bozu y Canto, 2009).

“La educación en valores viene a ser una corrección de la democracia liberal a favor de ciertas virtudes cívicas imprescindibles y de los deberes fundamentales que los individuos tienen con la colectividad”, por ello la sociedad, en un momento determinado de su historia, selecciona del sistema general de valores aquellos que considera más adecuados para satisfacer las necesidades sociales (Parra, 2003).

La calidad de las universidades posee grandes retos a superar, partiendo de la generación de conocimientos, la formación de profesionales íntegros, competentes y con valores, vinculados a la investigación. La educación, más que nunca, es una de las empresas colectivas más importantes; por lo que es imprescindible propiciar la participación social. Se debe tener la capacidad de interiorizar que nuestra prioridad, es la de lograr una sociedad que avance hacia la justicia social, desterrando las taras culturales que impiden su progreso (Dextre, s.f.).

REFERENCIAS

Acosta, S. (2005). Universidad, democracia y desarrollo. Universidades, 1 (29), 3-12.      

Bozu, Z. y Canto, P. (2009). El profesorado universitario en la sociedad del conocimiento: competencias profesionales docentes. Revista de Formación e Innovación Educativa Universitaria, 2 (2), 87-97.

Dextre, J. (s.f.). La cultura democrática nacional. Alegatos por la Educación.

Dextre, J., Tejedor, S. y Romero, L. (s.f.).  Influencia de la antigüedad institucional y el tipo de propiedad en los rankings de calidad universitaria: análisis correlacional de las universidades peruanas.

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