La educación por estos días

Doenits Martín Mora

Hay una nueva directora en el colegio donde laboro. No vino a ocupar el cargo porque el anterior pidió permiso o se metió en problemas, sino porque lo ordena una resolución ministerial.

Se quedará en el puesto un mes, lo que dure octubre, descontando fines de semana y feriados.

No parece tener sentido, pues esta semana culmina el bimestre y la siguiente se entra en receso: los alumnos descansarán, mientras los docentes coordinamos. Es decir, ocupará el cargo apenas tres semanas. ¿Qué podría gestionar en corto tiempo?

El anterior director no quería ser reemplazado. “No sé por qué hacen esto los de arriba”, nos

comentó. La resolución indica que es por vacaciones. “Yo no pedí descanso”, dijo. “Parece el desahucio de una empresa”.

Pese a lo absurdo, la directora muestra optimismo. “Vamos a trabajar conjuntamente”, dijo al presentarse. “Las labores académicas continuarán con normalidad”.

Si mantiene su palabra, podré seguir con las clases preuniversitarias en secundaria. El anterior director no tuvo inconveniente: entendía que los alumnos necesitan herramientas para competir por un vacante en la universidad.

Los alumnos, por lo demás, están satisfechos. Asumen lo valioso de diversificar la propuesta educativa del Estado, sobre todo, los de quinto año, próximos a egresar del colegio.

En caso la directora objetara, los alumnos defenderían el rigor preuniversitario. Conscientes de la alicaída educación estatal, prefieren la exigencia de la competitividad.

“Profe, ¿qué es eso de “Escribimos la estructura de nuestro plan de negocio”?”, preguntó hace poco una alumna. “Yo no quiero ser negociante, sino profesional”. Revisé la ficha del ministerio y lo aventé al tacho de basura. Escribir se puede aprender de diversas maneras. ¿Qué pretendía el Estado al enfocarlo hacia un plan de negocio? ¿Que los alumnos egresaran dispuestos a ser comerciantes? En los exámenes de admisión se prioriza el conocimiento. Proveyendo que fueran negociantes, mejor que les procuraran un capital para invertirlo al terminar el colegio.

Peor aún, en los meses anteriores, las experiencias de aprendizaje del ministerio se orientaban a la conciencia medioambiental y la convivencia colectiva. Basta unas clases para dejar por sentado su importancia, para ello existe el curso de tutoría. No es prudente que todas las materias ahonden en lo mismo, descuidando aspectos trascendentales. Con la conciencia limpia se gana el cielo, no una carrera profesional. En esas ocasiones también deslindé con el Estado.

Pero, pese a los temores, la directora parece accesible. Cristiana, con el cabello recogido, sin maquillar, denota seriedad y nobleza. Uno no debe esperar una sonrisa fijada para asumir confiable a la otra persona. Basta observarla, hablar con ella, concordar, para compatibilizar.

En todo caso, recordando mis lecciones bíblicas, le citaría Proverbios 12:1: “El que ama la disciplina ama el conocimiento, pero el que la aborrece es un necio”.

Veamos que pasa estos días de intercambio directivo. Mi labor como docente, sin lugar a duda, será defender la preparación de los alumnos por encima de la dejadez educativa del Estado.

     
 

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