La sociedad camino a ser inhumana

Josué Canchari de la Cruz
Docente Fac. de Ciencias Contables y Financieras – Unheval

Quién no recuerda la etapa de inocencia, de sueños, de la que solo quedan los recuerdos latentes e imborrables: nuestra infancia, donde no había muchas obligaciones a parte de hacer la tarea escolar. Seguro que para muchos fue una época que nunca olvidarán, donde cada uno era responsable de sus actividades escolares. Ahora me pregunto, ¿por qué cada vez tenemos más obligaciones y menos actividad familiar?

Durante nuestra vida, las actividades académicas inician a la edad de 3 años; siendo en inicial 2 a 3 años de estudio, luego primaria de 6 años de estudios, secundaria otros 5 años, universidad 5 a 6 años de estudios, posgrado de 2 a 5 años de estudio. Algunos durante nuestra vida estudiamos casi 25 años y muchas veces para trabajar hasta los 65 años.

Fuimos «libres» los tres primeros años y volveremos a serlo después de jubilarse. Cuando somos niños tenemos mucho tiempo y energía, pero no tenemos suficiente recurso económico; de adulto no tenemos mucho tiempo, pero sí tenemos dinero y energía y por último cuando nos jubilamos tenemos más tiempo y dinero, pero no tenemos la energía suficiente para disfrutar de la vida. ¿Entonces cuál es el equilibrio para disfrutar de la vida? Quizá la respuesta sea distinta de acuerdo con la mirada de cada uno y no existe una fórmula mágica que pueda funcionar para todos.

La competencia, en nuestra vida, inicia desde la fecundación y se extiende en toda nuestra etapa (examen de cursos, examen de ingreso, examen para puesto laboral, etc.). Ahora vivimos un mundo competitivo que paulatinamente nos está «deshumanizando». Cada vez somos menos humanos, aunque suene raro; pero, si no cambiamos el rumbo nuestro futuro será habitado por «seres inhumanos», sin calor humano, sin sentido de apoyo, sin sentido de servicio, insensibles frente a los problemas de la sociedad.

La formación humanista que se implantaba en los años 80, en la actualidad se va perdiendo paulatinamente. Ahora observamos que todas las instituciones educativas privadas apuntan a que sus alumnos destaquen académicamente (marketing), sin dar mucha importancia a la formación humanista, a cuesta del sacrificio de muchos de estos estudiantes, que tienen que renunciar a ser niños (etapa de juegos), renunciar a la actividad familiar que es la institución más importante de la vida.

Qué calidez podrán tener los estudiantes que no se encuentran al mediodía con sus padres en el llamado «ritual» del almuerzo, que es un momento para la comunicación bipartita de padres e hijos, lo cual da como resultado la calidez de persona. Qué podemos esperar de personas que no tienen «tiempo» para insertarse en la actividad familiar, pues sólo se está formando «inhumanos».

A diario se observa a personas insensibles que tiran la basura a la calle, que sustraen cosas ajenas, que maltratan; simplemente no les interesa los demás.

A todo lo mencionado, se suma que a medida que el tiempo pasa los seres humanos vivimos de tal manera que somos esclavos de la tecnología, cada vez la necesidad tecnológica aumenta y esto es inversamente proporcional a la actividad familiar, que lejos de apoyar a las familias hacen que se distancien, como dice el dicho: «Podrán estar cerca, pero se sienten distante»

A medida que pasan los años, los humanos nos estamos «deshumanizándonos», vemos que la educación de nuestros hijos se está «robotizando» y todos sabemos que el único objetivo es ser los mejores académicamente, sin interesarse en la educación humanística.

     
 

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