La violencia contra la mujer es un problema de todos

Teresa Chara de los Rios

A 27 años de haberse realizado la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, más conocida como la Convención de “Belem Do Pará”, la violencia contra las mujeres sigue siendo un problema de constante crecimiento en nuestra sociedad.

¿Por qué es importante mencionar a la Convención Belem Do Pará?

Porque fue el primer tratado internacional sobre Derechos Humanos que abordó la temática de la violencia contra las mujeres como la violación al derecho de las mujeres a vivir una vida libre de violencia tanto en el espacio privado como público, es decir cuando la violencia se ejerce contra la mujer dentro del ámbito familiar, en cualquier otra relación interpersonal, aun cuando el agresor ya no viva con ella y en las instituciones públicas.

La violencia contra la mujer deja de ser un asunto reservado al ámbito privado, al “detrás de la puerta”, para constituirse en una violación sistemática de los derechos humanos y las libertades fundamentales, lo cual la convierte en un asunto público y por tanto tienen de responsabilidad de actuación de las instituciones del Estado.

La violencia contra la mujer es un problema social, un problema de salud pública y también un obstáculo al desarrollo económico que generan las mujeres al país, pero también las limita total o parcialmente en el reconocimiento, goce y ejercicio de tales derechos y libertades. Al ser un problema social, requiere de soluciones de intervención pública.

La Ley 30364 tiene por finalidad prevenir, erradicar y sancionar toda forma de violencia contra las mujeres por su condición de tales, y contra los integrantes del grupo familiar, producida en el ámbito público o privado. Esta Ley tiene un enfoque más integral, multidimensional y multisectorial, para combatir los crímenes por razones de género

Si bien la Ley 30364 se ha ido perfeccionando en el tiempo, el tema crucial ya no radica en la norma sino en quienes tienen que ejecutarla y allí está el problema de fondo, porque queda a discrecionalidad de las autoridades cumplirlas o dilatar su cumplimiento.

La normativa anterior no era suficiente para proteger a las mujeres. Por ejemplo, cuando las mujeres hacían denuncias por violencia, las autoridades correspondientes realizaban audiencias de conciliación que muchas veces, por falta de conocimiento y porque no había prohibición legal expresa en los casos de violencia contra la mujer, las confundían y las convertían en audiencias de “reconciliación”, insistiendo y hasta obligando a las víctimas regresar a vivir con los agresores. En ese contexto las mujeres se sentían desprotegidas perdían la confianza en el sistema de justicia, más aún cuando de retorno a casa, los agresores se ponían más violentos por haberlos denunciado.

La causa de la violencia contra la mujer es el machismo. El agresor no es un enfermo mental como muchas veces se indica para efectos de reducir las penas, tampoco son monstruos. Son personas que creen que tienen el derecho de ejercer violencia en cualquier grado hacia su víctima y por eso lo hacen.

Está comprobado que la violencia contra la mujer y las niñas se dan en un contexto de relaciones desiguales de poder, de quienes ejercen derechos de posesión sobre el cuerpo, la libertad (derecho a decidir sobre su afectividad, sexualidad y espiritualidad) y la vida de la víctima.

Los feminicidios son asesinatos por razón de género, agravado por actos de crueldad. Lo más lamentable es que en casi todos los casos de feminicidios, las víctimas si se atrevieron a denunciar, pero no fueron atendidas con prontitud, no se les brindó las medidas de garantías o éstas se convirtieron en un documento de letra muerta pues el agresor no las respetó y se sintió envalentonado para acabar con la vida de esa mujer que en muchos casos es madre de sus hijos. Con mejores medidas de protección y actuación diligentes quizás ellas aun estarían con vida.

Sin embargo, no podemos dejar de mencionar el rol educativo que deben cumplir los medios de comunicación para cambiar la mentalidad machista y los estereotipos de género, pero no lo hacen y no lo quieren hacer. Prefieren ensalzar programas con contenidos misóginos que cosifican el cuerpo de las mujeres y exacerban la sexualidad de los usuarios. Prima la desinformación para sus intereses económicos y de poder político y para ello, hay que darle al pueblo el conocido “pan y circo”.

Eliminar la violencia contra la mujer es tarea de todos: sociedad civil, sector empresarial, academia, sector público, medios de comunicación. La violencia contra las mujeres es un problema que requiere un enfoque más integral, multidimensional y multisectorial. Todos venimos de la vida que nos dio una mujer y merece el mayor de los respetos y valoración.

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