Las calles olvidadas del Perú

Claudia Hübner Mendieta

El Perú es un país en el que da miedo salir solo después de las 6 de la tarde, estés en la zona más pobre o “pituca”. La inseguridad es un tema serio que está ligado a otros problemas que han quedado olvidados con el pasar de los años, tales como la deplorable salud mental, la ineficiente preparación de los serenazgos y, aún más grave, la normalización que hemos creado frente a la delincuencia y al inexistente sistema de justicia. Tan poco confiamos en la seguridad de nuestro país que muchas veces denunciamos, pero somos conscientes de que la denuncia no va a proceder, y si procede, el trámite va a gastar más tiempo y dinero del que vale el robo en cuestión. El 27 de octubre, nuestro presidente activó un plan de acción de seguridad ciudadana; sin embargo, cada vez que prendo la televisión para ver las noticias solo veo muertes, robos y más pobreza. ¿Qué es lo que realmente está pasando con la seguridad ciudadana en el Perú?

Tan solo en noviembre de este año vi dos casos muy parecidos que me parecieron escalofriantes porque me podrían pasar a mí, a ti o a cualquier peruano que salga de su casa lo necesario. El 9 de noviembre, un indigente, sin razón alguna, atacó a una niña de tres años en las calles de Lima tirándole ladrillo en la cabeza, mientras ella caminaba junto a su madre. Otro caso parecido se dio días después también en Lima, un indigente bajo el efecto de las drogas atacó de una pedrada en la cabeza a un anciano de 85 años que estaba parado en un parque cercano a su casa. En los dos casos lograron atrapar a los agresores. El primero está “en proceso”, pero aún si le dieran una cadena perpetua, que dudo que pase, eso no quitaría el sufrimiento de la familia que sigue esperando que la niña reaccione en UCI recién operada, por el diagnóstico de traumatismo encefalocraneal-crisis convulsiva y fractura craneal. El anciano del segundo caso, por suerte, no sufrió daños considerables; sin embargo, el agresor fue liberado horas después del delito porque el agravio “no era crítico”. Ahora la familia teme que el drogadicto vuelva a buscar venganza.

Es terrible pensar que basta con salir de tu casa para que alguien te tire una piedra a la cabeza y te arruine de por vida. El problema es que las autoridades no se interesan por estos casos que, aunque para muchos parezcan insignificantes, pueden traer terribles repercusiones a las familias de los afectados. ¿Cómo pueden dejar en las calles a alguien que significa un peligro para la sociedad? A alguien que en cualquier momento puede hacer lo mismo o incluso algo peor contra otra persona. Imaginemos por un momento que el agresor tenga algún problema mental, el procedimiento adecuado sería  internarlo a un psiquiátrico para su pronta recuperación, no liberarlo exponiendo a los demás. De igual forma, todos sabemos que los psiquiátricos en el Perú son una cárcel más. Las personas no se sanan, no progresan y aún peor si se trata de una persona de bajos recursos como un vagabundo. Las personas sufren y mueren por la dejadez e insensibilidad de aquellos que los atienden, con paga escasa y trabajo excesivo, condiciones nefastas y falta de recursos.

El Perú es una bomba de inseguridad que en cualquier momento puede repercutir en la vida de cualquier persona.  Según el informe ‘Estadística de Seguridad Ciudadana’, elaborado por el INEI, el 18.6% de la población mayor de 15 años fue víctima de algún hecho delictivo durante el periodo noviembre 2020-abril 2021. Mientras todo esto ocurre en las calles, los serenazgos, la gran mayoría de las veces, se desentienden y dejan a borrachos e indigentes deambular  a  altas horas de la noche, disturbando a los vecinos, a cambio de una pequeña coima. Al parecer ahora no es suficiente que un vagabundo te rompa la cabeza con una piedra para que alguien haga algo, para que alguien hable de ello, y la impotencia que siento al no poder hacer nada es indescriptible.

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