Las fiestas covid y la responsabilidad personal

Ps. Richard Borja
Director Instituto Peruano de Psicología Política

Calígula, uno de los emperadores más famosos del imperio Romano —no precisamente por su brillantez, nobleza o valor— ha pasado a la historia por su demencia, crueldad y lascivia. Al inicio era un emperador muy popular por su generosa política de pan, dinero y espectáculo que complacía a la plebe, hasta que en menos de dos años vació las arcas del estado heredado por su padre Tiberio. Desprovisto de recursos aplicó una política de persecución contra la aristocracia romana, a quien culpó de los males del imperio, haciéndolos ver ante la plebe, como la causa de la miseria que padecían, incrementando impuestos, dictaminando medidas de persecución contra sus enemigos y logrando hábilmente que se enfrentaran plebe y aristócratas, mientras él acumulaba poder hasta el grado de autoproclamarse Dios y nombrar cónsul a su caballo.

En este tiempo ya no hay reyes ni emperadores, pero la demagogia, el populismo y la manipulación son más que nunca el summus de la política y marcan la pauta de la narrativa que escribe la historia, al menos en el corto plazo, permitiendo que la realidad sea un asunto de percepción adscrita a un tiempo presente, inmediato, constante y ficticio; mientras la ostentación y ejercicio del poder permita que sea así. La fórmula para ello es simple, hay que buscar un enemigo odiado por el pueblo, hay que darle dulces y distraer su atención con espectáculos altamente emotivos y ofrecerle autoridad y protección y finalmente, escribir una narrativa oficial de la cual todos se apropien. Hitler culpó a los judíos, Trump culpó a los migrantes, y así ejemplos abundan en la historia.

«Es decisivo para el buen manejo de esta crisis que se definan claramente los roles y funciones de cada quien»

Con el tiempo los escenarios y formas cambian, en tiempos de Calígula se corría el rumor y se hablaba en los teatros, hoy se tiene la televisión y las redes sociales para posicionar esa narrativa y manipular la percepción y voluntad de las personas; con el poder atrás y los recursos que este otorga, no es difícil escribirle el guion a la gente y distraerla mientras se expande el poder de los manipuladores. Goebbels, el mago de la propaganda nazi, mandó construir radios baratas y las regaló al pueblo alemán, de ese modo podía hacerles llegar en tiempo real, la narrativa y la noticia pautada y regulada que servía a los fines de Hitler. Hoy solo hay que hacerles millonarios contratos a las empresas de telecomunicaciones y cargar de troles las redes sociales. Lamentablemente.

El país pasa por una situación dramática, si tomamos en cuenta los indicadores; somos el segundo país en el mundo con muertes por cien mil habitantes; en el último trimestre, más de 4 millones de personas han perdido sus empleos y el PBI ha caído 30.2 %, miles de niños en edad escolar enfrentan un año de sacrificio, junto a sus maestros; denuncias y actos de corrupción gravísimos han pasado como ráfagas apenas y donde la informalidad ha superado las endebles barreras institucionales y la acumulación de una serie de factores han puesto el sello de la irresponsabilidad en miles de personas, cuya muestra más trágica es la de esos 13 jóvenes fallecidos en un discoteca de los Olivos. Amén de una secuela peligrosa de daño psicológico que se expande debido a una carencia absoluta de una estrategia de salud mental que acompañe a las familias y a las personas durante esta pandemia. Vistas las cosas con serena objetividad, no están bien.

En el mito de la caverna de Platón, las personas que vivían dentro de la cueva solo veían las sombras que se reflejaban del exterior y la asumían como realidad; ese espíritu de encierro se moldea a partir de las percepciones y de la renuncia a la libre capacidad de cuestionar, observar y salirse del molde de la narrativa oficial; no para dejar suelto un espíritu anarquista; sino, para reivindicar la raíz fundamental de una relación de poder, donde los ciudadanos encargan poder para su correcta administración; no para que sea usado en contra de ellos mismos y enajene la temporalidad y límites de esa administración. Pienso en esto, cuando veo casi como una serie por capítulos, las distintas fiestas covid llenas de gente irresponsable que hubo, hay y habrá, porque esas son las realidades que la ausencia de valores familiares han gestado, y que será motivo de otro análisis.

Finalmente, es decisivo para el buen manejo de esta crisis que se definan claramente los roles y funciones de cada quien. El estado a través de los gobiernos en sus distintos niveles tiene como primera responsabilidad contar con centros de atención médica equipados, con medicinas, personal médico idóneo y presto a brindar atención a quien lo requiera, incluyendo una estrategia de soporte psicológico y salud mental de manera urgente. Por otro lado; las personas tenemos la obligación de actuar con severa responsabilidad en el cuidado de nuestra salud; actuar con prudencia, respetar normas elementales y hacernos dueños de nuestro destino, que para bien o para mal, siempre será un asunto personal. Cada quien a lo suyo y adelante.

     
 

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