Las mujeres sin conciencia

Germán Vargas Farías

Así como el título de esta nota, se llama una canción pegajosa que recuerdo haber escuchado cuando era niño. La interpretaba el Trío La Rosa, famoso grupo musical cubano cuyos integrantes están todos muertos, pero algunas de sus canciones han trascendido los tiempos y las fronteras, y aún ahora podemos escucharlas, de vez en cuando, en alguna radio de esas que combina música y nostalgia.

«La mujer que es de mala conciencia/ La mujer que es de mala conciencia/ De ser mala hija/ De ser mala hermana/ De ser mala tía/ De ser mala esposa/ De ser mala suegra/ De ser mala novia/ Con todos los hombres/ El Trío la Rosa lo dice/ El Trío la Rosa lo dice/ Que son mala hija/ Que son mala hermana/ Que son mala tía/ Que son mala esposa/ Que son mala suegra/ Que son mala novia/Con todos los hombres», dice parte de la letra que se repite, y que por tratarse de una canción con una estructura melódica simple, y un contenido sugerente, pegó en su época y hay quienes no olvidan hasta ahora.

No sé si ese será el caso del presidente del Consejo de Ministros, Aníbal Torres Vásquez, pero su reciente alusión a la periodista Sol Carreño ha sido, además de desafortunada, muy propia —como la canción— de otra época, y cargada de estereotipos de género que son taras tratándose de cualquier persona, peor aún si las expresa una autoridad.

A cuento de qué el premier se refirió a la vida personal de la periodista, y por qué centró su agresión en Sol Carreño, sin referirse al reportero que hizo la nota, ni al director del programa. Si usted cree que se trata de una cruda manifestación de misoginia, es una de muchísimas personas que piensa lo mismo»

El premier lanzó su exabrupto el jueves pasado, durante una sesión del Consejo de Ministros. Estaba presente el presidente Pedro Castillo, y Torres pareció creer que el momento era oportuno para arremeter contra la periodista de ‘Cuarto Poder’ debido a un reportaje crítico al gobierno sí, pero que cuestionaba justificadamente la demora en la ejecución de una obra pública prometida por el mismo presidente.

«Esa señora manipula a unas personas aprovechándose de sus escasos conocimientos para hacer daño nomás al gobierno. Mala fe, mala entraña, esa mujer que hace eso es mala madre, no puede ser buena madre, es mala esposa, mala hija, y si tiene hijos, solamente los está deformando y los está criando con esos complejos de superioridad», dijo el premier en la ocasión, develando su machismo y la rigidez de sus prejuicios.

A cuento de qué el premier se refirió a la vida personal de la periodista, y por qué centró su agresión en Sol Carreño, sin referirse al reportero que hizo la nota, ni al director del programa. Si usted cree que se trata de una cruda manifestación de misoginia, es una de muchísimas personas que piensa lo mismo.

La molestia por las críticas, fundadas o no, de sus adversarios, puede explicar la exasperación, pero no atenúan ni hacen menos reprochables los agravios del primer ministro. Evidencian, eso sí, el desdén del gobierno hacia el enfoque de género y su mezquino compromiso con los derechos de las mujeres.

Tan lamentables son los agravios de Torres Vásquez como los silencios o murmullos de algunas personas, que entretejen subterfugios para encubrir su indignidad.

Suena la tonada de la vieja canción del Trío La Rosa, pero resuena más la del desprecio a la mujer que daña, denigra y debe cesar.

     
 

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