Los debates que hacen falta

Ps. Richard Borja
Director Instituto Peruano de Psicología Política

La historia de la humanidad y de la política han tenido celebres debates cada una con sus particulares circunstancias; como las ágoras atenienses o el senado romano en el mundo clásico; donde los oradores tejían extraordinarios argumentos para tratar de convencer al auditorio de la legitimidad de su posición. Celebres son las argumentaciones de Cicerón para condenar a Catilina; o el nacimiento del arte del convencimiento con los sofistas, de los cuales Protágoras era el más destacado, enseñando que las verdades no eran mejores ni peores; sino, mejor argumentadas.

Con Aristóteles surgió la lógica, como regla argumentativa que luego se llevaría a todos los foros haciendo brillar la frondosa cultura y el arte retorico y político de la Grecia Clásica, afincada en Atenas, centro fundamental de la cultura occidental, expandiéndose luego a casi todo el mundo contemporáneo. En la actualidad toda universidad o centro de formación en el mundo occidental tiene sus escuelas y torneos de debate; desconozco si aquí la Universidad Hermilio Valdizan y la Universidad de Huánuco la tengan, pero deberían en todo caso, tenerla. Como sí algunos colegios lo tienen, añadiéndole un plus muy significativo a la enseñanza básica regular.

Bueno, decíamos que estamos entrando a una fase de organizados debates, a la par de que se inicia la etapa más sucia de toda campaña, donde el barro y la descalificación viene con la carga de la impunidad de las calumnias y el rostro más grotesco de los sicarios políticos profesionales; aunque valga decirlo, hay algunos que hacen verdaderas obras de arte, para hundir a sus rivales políticos en el descrédito y la ignominia. Esas guerras sucias como se llaman, acompañan toda fase final de una campaña; pero la fortaleza del debate como ring político que puede inclinar la balanza en dicha guerra, es muy grande.

Los candidatos políticos parecen eludir la tarea de ponerse frente a cámaras y responder a un interrogatorio de parte de quienes organizan los debates»

Los debates son muy importantes, por esa misma razón, deberían tener mejores formatos. De un tiempo a esta parte los debates han perdido atractivo y los candidatos políticos parecen eludir la tarea de ponerse frente a cámaras y responder a un interrogatorio de parte de quienes organizan los debates. Por ejemplo, los debates oficiales que organiza el JNE, donde los protagonistas parecen ser los moderadores y no los candidatos.

La forma en que se desarrolla un debate es lo que le da relevancia y utilidad, por eso es muy importante estructurar adecuadamente su mecanismo, privilegiando el protagonismo de los candidatos y brindando la mayor libertad posible para que puedan dar a conocer sus propuestas y para que puedan observar o cuestionar las propuestas del contendiente. Otro aspecto a mejorar es esa sesgada delimitación de los temas o áreas sobre los cuales debe girar el debate; no hace falta, es forzado y poco sustancial en cuanto a valores propositivos; los candidatos deberían tener libertad para poner mayor énfasis en los temas o aspectos que consideren más relevantes dentro de su visión de gobierno y su programa de gestión.

Es justo mencionar, que algunos debates suelen tomar la forma que le han dado las expectativas de sus organizadores, es así que vemos a diversos grupos de interés organizando sus propios debates, con el marco temático de aquello que consideran; agenda ambiental, agenda joven, agenda mujer, etc. Esta fragmentación de la discusión y búsqueda propositiva por agenda particular es saludable para los grupos de interés y forma parte de las expresiones democráticas de la participación ciudadana. Sin embargo, siempre es mejor tener un debate general, donde sin orientación por demanda, los candidatos puedan perfilar sus prioridades.

Un buen debate puede darle a un candidato nuevos impulsos; y por el contrario, un mal debate puede significar un tropezón peligroso. Por eso mismo, algunos candidatos suelen rehuirles a esos riesgos y prefieren seguir la tradición de buscar el éxito electoral, dándole la espalda a estos foros de discusión y recogiendo votos mediante la cosecha que les pueda dar una buena estrategia de marketing. “Esos debates no sirven para nada” parece ser el consejo de sus asesores. Demostrando crudamente que los incentivos para participar en un debate, son muy bajos para quienes cuentan con una maquinaria bien afiatada de campaña, que busca y consigue votos por medios menos riesgosos.

 

     
 

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