Me gusta la vida social…

Teresa Chara
de los Rios

Hace algunos años, una joven de 18 años fue violentada sexualmente por cinco hombres durante las celebraciones de la Fiesta de San Fermín en Pamplona, España. Este hecho fue grabado por los propios agresores y difundido en su grupo Whatsapp, denominado por ellos mismos como “La manada”.

Los acusados en su defensa mostraron a los jueces, los videos de esa madrugada, donde se ve a la víctima con los “ojos cerrados” y en una actitud “pasiva”, argumentando que fueron relaciones sexuales consentidas por la joven.

La discusión se centró en que si este caso era violación sexual o abuso sexual. El Código Penal español señala que para que exista violación, ésta debe ir acompañada de violencia o intimidación, mientras que en el abuso sexual no.

Los cinco agresores fueron sentenciados a 9 años de prisión y en junio del 2018, se les otorgó libertad provisional bajo fianza, lo que ocasionó un movimiento de protestas sociales en las calles que gritaban “no es abuso, es violación” y en respaldo a la víctima, mostraban carteles “yo si te creo”. Posteriormente, el Tribunal Supremo de España confirmó el acto como violación y los condenó a 15 años de prisión.

El delito de violencia sexual o abuso sexual, se juzga a partir del resultado de la investigación del hecho ocurrido y no del comportamiento o la vida personal de la víctima.

Hace unos días ocurrió un hecho similar en nuestro país y cinco jóvenes han sido denunciados por una joven por haber sido violentada sexualmente en una reunión donde todos tomaban licor y según su versión, ella habría sido drogada y violada grupalmente.

Las investigaciones recién se han iniciado junto con la detención preliminar de los supuestos agresores. Al parecer, al igual que en “La manada” la defensa de los agresores se sustentaría en que no hubo violencia sexual sino el consentimiento de la víctima, ya que no hubo forcejeos, amenazas o intimidación, pero finalmente, la verdad debe salir a luz.

Sin embargo, la declaración del abogado de uno de los cinco presuntos agresores, motivó reacciones de rechazo e incluso la creación de un hashtag #AMiMeGustaLaVidaSocial:

“… es que la señorita es eventualmente una persona, digamos, que le gustaba la vida social, no podría decir más.” 

El artículo 68 del Código de Ética del Abogado indica que las opiniones emitidas por los abogados en medios de comunicación “éste puede opinar y absolver consultas a través de medios masivos de comunicación, siempre y cuando no afecte la dignidad y honor de las personas.”

Las declaraciones, solo es la punta del iceberg que nos muestra el pensamiento machista que persiste en nuestra sociedad, que justifica las agresiones sexuales, trasladando toda la responsabilidad o culpabilidad a la víctima, estigmatizándola, reforzando  estereotipos de género como: “Ella se lo buscó”, “es una coqueta”, “mira cómo se viste”, “ella tiene la culpa por beber licor con los hombres” y muchos otras expresiones orientadas a desacreditar su testimonio y como consecuencia, el delito quede impune.

El delito de violencia sexual o abuso sexual, se juzga a partir del resultado de la investigación del hecho ocurrido y no del comportamiento o la vida personal de la víctima.

Si bien este caso se ha hecho mediático y los operadores de justicia han actuado con admirable celeridad, no debemos dejar de lado, que en nuestro país persiste la violencia sexual a miles de niñas y mujeres, sin que sean atendidas en sus denuncian o hayan alcanzado justicia.

¿Qué si me gusta la vida social? Por supuesto que sí, y nadie tiene derecho a descalificarnos, atropellarnos o violarnos por ser como somos.

     
 

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