Mi año en Huánuco

Claudia Hübner Mendieta

Hace dos años, alrededor de septiembre, conversaba con mis padres sobre la posibilidad de cambiarme de colegio. «Tendrás más oportunidades en Huánuco» -argumentaba con severidad mi papá-, pero, aun así, no lograba convencerme. Tan solo la idea de dejar toda mi vida en Lima para estudiar en un colegio de Huánuco y empezar de cero, me parecía inconcebible. Es irónico pensar que si hoy me dieran la oportunidad de cambiar esa decisión, que en aquellos tiempos tomaron mis padres por mí, dejaría todo tal y como está.

En 4to de secundaria me cambié de colegio. Fue un año muy difícil, ya que, además de tener que estudiar mediante la virtualidad, tenía que estudiar en un colegio en el que no conocía a nadie. Fue entonces que conocí al profesor Arlindo Luciano Guillermo. Arlindo me enseñaba los cursos de Lenguaje y Aptitud Verbal, y era un profesor diferente a los demás. Mientras que otros profesores solo entraban a la plataforma para dictar sus clases de la manera más aburrida posible, él hacía que todos, incluso los más tímidos, pudieran intervenir en su clase. Meses después, se me presentó la oportunidad de participar en el Premio Nacional de Narrativa y Ensayo «José María Arguedas», un concurso de ensayos a nivel regional que tenía como encargados al profesor Arlindo junto con la profesora Mónica Hübner, mi hermana. Fue una experiencia inolvidable, el primer concurso de escritura en el que participaba y en el que, gracias a un arduo esfuerzo, logré quedar en 2do puesto. Yo estaba muy feliz con ese resultado; pero lo que más me alegró fue que, luego del concurso, el profesor Arlindo me ofreciera la propuesta de escribir una columna especial en el diario Página3. Por supuesto, acepté.

Quién diría que ya ha pasado un año desde ese momento en el que empecé a escribir. Inicialmente iba a ser una columna única; sin embargo, días después de salida mi columna, me ofrecieron una columna semanal. El progreso que he experimentado ha sido vasto y ha hecho que me dé cuenta de que la escritura siempre me ha acompañado, solo que nunca le había prestado la debida atención. Se encontraba en esos momentos en los que, tan solo a los 7 años, escribía mi diario personal. A los 10, cuando esperaba con ansias los momentos en los que en mi colegio nos hacían escribir textos. A los 12, cuando escribía poemas. Y hoy, a los 17 años, edad en la que por fin los demás pueden leerme. Sin lugar a duda, este proceso ha ocurrido gracias a mi constancia, pero no puedo dejar de agradecer a todas esas personas que me abrieron estas puertas y me acompañaron en el proceso. Primero, a mis padres por siempre impulsarme a ser mejor y a hacer lo que me gusta. A mi papá, en especial, por leerme todas las semanas y por siempre ser mi mayor fan. A mi hermana, por ayudarme a mejorar mi escritura y ser mi fuente creativa cuando las ideas se me acaban. Al profesor Arlindo, por ser aquel que me dio esta oportunidad desinteresadamente y siempre me alienta a seguir escribiendo y leyendo. Y, por último, al diario Página 3, por abrirme las puertas y permitir que una adolescente escriba y siga cumpliendo sus sueños.

Si hace 2 años me hubieran dicho que a partir de mi cambio de colegio habría de tener todas estas experiencias y oportunidades, no lo hubiese creído; pues se tiende a subestimar las oportunidades que existen en provincia en contraste con la capital y déjenme decirles que nunca había estado tan equivocada. La red de contactos que se llega a tener en provincia es inimaginable, especialmente si eres de allí, que es mi caso, ya que toda mi familia es de Huánuco. Las personas de provincia deberían aprovechar eso, pues en Lima nunca tendrían la oportunidad de conocer a tantas personas, participar en tantos eventos y hacerse notar tan fácilmente. Esto va especialmente dirigido a todas esas personas de mi edad que tienen oportunidades y las pierden por vergüenza o por temor al qué dirán: Nunca más tendrán las oportunidades que tienen en el colegio, así que aprovechen descubran sus pasiones y muéstrenlas al mundo. Sé que aún me queda muchísimo por mejorar y por aprender, pero ahora que he dado el primer paso, no puedo esperar a saber que me depara el futuro.

     
 

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