OEA y la oposición de los antiderechos

Germán Vargas Farías

Con críticas desde la derecha, izquierda y todos los sectores políticos, con dudas sobre su eficacia y utilidad, la Organización de Estados Americanos (OEA), considerado el organismo regional más antiguo del mundo, se mantiene, y esta semana realizará en Lima el 52 periodo ordinario de sesiones de la Asamblea General, su órgano supremo.

A la organización que nació con el propósito de “afianzar la paz y la seguridad en el Continente…promover y consolidar la democracia…”, se le reprocha, precisamente, por su incapacidad para cumplir su finalidad, y porque en muchas circunstancias ni siquiera parece intentarlo.

Desde donde se le mire, entonces, a la OEA se le pueden hacer observaciones y reclamos, lo cual se entiende por tratarse del organismo internacional más importante de las Américas, y objetivo y campo de batalla de los actores políticos de la región.

La realización en Perú de la Asamblea General de la OEA, que se desarrollará del 5 al 7 de octubre bajo el lema «juntos contra la desigualdad y la discriminación», no ha estado exenta de disputas y controversias.

Como se recordará, en julio de este año el Congreso peruano rechazó por mayoría el acuerdo entre el Gobierno y la Secretaría General de la OEA, el cual sentaba las bases para que Lima sea la sede de la 52 Asamblea General. El motivo para oponerse fue el requerimiento de instalación de un “baño neutro”.

Así de absurda fue la oposición sustentada nada menos que por el congresista Ernesto Bustamante, entonces presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores, para quien pedir que se ponga un baño en los lugares donde se realicen las sesiones de la Asamblea General constituía una intervención de la OEA en el Perú.

Afianzar la paz y la seguridad, promover y consolidar la democracia, enfrenta en estos últimos años adversarios que con pretextos moralistas y seudo religiosos impiden promoverla»

55 congresistas convalidaron ese despropósito, otros 6 se abstuvieron, y fuimos el hazmerreír de mucha gente en el mundo, ofreciendo una evidencia más de la estupidez a la que puede llevar el fanatismo. Felizmente el pleno del Congreso rectificó su decisión, y aprobó “con reservas” que se realice el evento, que hoy empieza, en nuestro país.

Uno de los “valientes” congresistas que en aquella oportunidad se opuso a la intención de la OEA de “meter de contrabando” la implementación de “baños neutros” fue Alejandro Muñante, de Renovación Popular.

Muñante, un “cruzado” contra la “ideología de género” y vocero desbocado de la extrema derecha peruana, ha vuelto a ser protagonista en estos días habiéndosele visto el lunes de esta semana convocando a una manifestación en rechazo «a la agenda progresista de la OEA» utilizando como telón de fondo un camión con el cartel «OEA: a la mujer la define la biología, no la ideología».

Aprovechando su condición de tercer vicepresidente, el congresista Alejandro Muñante habría gestionado el ingreso del vehículo y su estacionamiento frente al frontis del Congreso, para difundir un mensaje discriminatorio con el agravante de la utilización del escudo de la OEA.

Desigualdad y discriminación, los temas principales de la reunión, son para los fundamentalistas políticos y religiosos de los países de la región parte de esa “agenda progresista” que rechazan, aún cuando se trata de asuntos ineludibles para la protección de los derechos humanos.

Clara está la necesidad de abordar tales asuntos, en contextos en los que grupos abiertamente antiderechos han ido ganando terreno provocando el estancamiento, e incluso retroceso, en políticas públicas que garanticen los derechos de las personas.

Afianzar la paz y la seguridad, promover y consolidar la democracia, enfrenta en estos últimos años adversarios que con pretextos moralistas y seudo religiosos impiden promoverla. La Asamblea General de la OEA en Lima será su campo de batalla en esta semana, y ya estamos viendo la manera grotesca e irrespetuosa como confrontan.

     
 

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