Opiniones sobre el cuento

Mario A. Malpartida Besada

A PROPÓSITO del concurso I Premio Regional de Cuentos “Andrés Cloud” 2021, convocado por la Asociación Escritores de Huánuco, quisiéramos aportar algo con destino especial a los jóvenes escritores todavía no muy adentrados en el oficio,  reactualizando algunas opiniones que rescatáramos del libro La caza del cuento (Lima, Editorial Universitaria de la Universidad Ricardo Palma, 2004), selección y prólogo de Roberto Reyes Tarazona, por considerarla una obra enciclopédica sobre el cuento y sus alrededores y porque, tanto el libro como las opiniones, siguen  vigentes.

La primera parte está dedicada a los escritores. Ellos abordan temas relacionados con el proceso y la naturaleza del cuento, su elaboración estética, requisitos para escribirlo y cualidades del cuentista. Podría pensarse que las enseñanzas que nos dan connotados cuentistas, a través de sus reflexiones, bastarían para convertirnos ya en émulos suyos. Sin embargo, bien hace el compilador al advertir que el “joven escritor en algún momento quedará librado a su suerte y dependerá de sí mismo”. Es en ese momento en que tendrá que aflorar –dice Reyes Tarazona- sus condiciones innatas como la intuición, la sensibilidad, el talento, la astucia narrativa. He aquí la primera enseñanza.

En tal sentido, esta sección funciona como un eslabón de necesario enlace con la parte dedicada a los críticos. Advierte, Reyes Tarazona, que en los textos de los narradores “no siempre es nítida la distinción entre sus reflexiones y sus evocaciones personales y opiniones más subjetivas

Efectivamente, muchos piensan que, por ejemplo, el mejor concepto del cuento es el que maneja el mismo cuentista. Pueda que sea cierto, pero estos conceptos generalmente son poéticos y muy subjetivos. El mismo Rulfo, en su momento, también lo había advertido y dijo que “el escritor es el menos intelectual de los pensadores, porque sus ideas y pensamientos son cosas muy personales”. Otro aspecto importante que aprender.

Giardinelli, dice que no existe una teoría del cuento sino una práctica que va formando, lenta e imprecisamente, su propia teoría, y que el arte de contar es anterior a la forma»

Otros se remiten a simpáticas comparaciones, como bien se rememora en el prólogo: Para Donoso el cuento es como un destello; para Quiroga, una flecha disparada al blanco; para Bosch, como el tigre de la fauna literaria; y otras conocidas comparaciones, ya con la fotografía, ya con una carrera de cien metros planos; ya con el arroyo, etc., etc.

Sin embargo, nos parece acertada la propuesta del libro al colocar en primera instancia esta sección: ensayos, conferencias y testimonios. De esta manera el interesado ingresa por el lado sublime de la creación, es decir por el lado de la emoción, para luego pasar al lado de la razón, en donde los aspectos teóricos y críticos juegan y cumplen su papel. Se notará en esta parte que el escritor escribe con emoción, pero corrige con la razón.

Una de las coincidencias más notables entre los antologados es con relación a la brevedad del cuento, característica que se exige en las bases del mencionado concurso. Allan Poe sostiene que dicha brevedad es la que le da al texto unidad de impresión pues el cuento se lee en una sola sesión de lectura. En cambio para Bosch la brevedad se debe a que el cuento cuenta un solo hecho. Este autor no usa como referencia la extensión física ni el tiempo que demande su lectura. Pero sí apunta que no debe haber mucha distancia entre el inicio, el meollo y el final.

Según Cortázar, la brevedad, o los cuentos contra el reloj, potencian vertiginosamente un mínimo de elementos. O’Connor opina que la brevedad no significa superficialidad, por el contrario un cuento breve debe ser extenso en profundidad. Giardinelli hace una serie de circunloquios sobre el particular, sin embargo, admite finalmente que el cuento tiene un objetivo concreto visualizado particularmente, mientras que la novela es más bien como una foto aérea.

En opinión de Alberto Moravia, el carácter sintético del cuento con relación a la novela, se debe a que el cuento maneja personajes no ideológicos, trama simple, psicología en función de los hechos y no de las ideas. Como se ve, en los párrafos anteriores se enfatiza sobre el rasgo de la brevedad como rasgo sustancial del cuento, pero sin caer en la superficialidad.

Con relación al manejo de técnicas cuentísticas, las posiciones van desde los que valoran el conocimiento técnico a priori, hasta los que se muestran indiferentes y no le asignan ninguna importancia. Para Bosch y Cortázar la técnica es el resultado de una larga experiencia en la escritura. Según O’Connor el escritor debe dominar el lenguaje y saber construir sus personajes. En cambio Giardinelli, dice que no existe una teoría del cuento sino una práctica que va formando, lenta e imprecisamente, su propia teoría, y que el arte de contar es anterior a la forma. Pero más adelante demanda la aplicación de la técnica literaria para la revisión y corrección. Alberto Moravia afirma que los escritores que se ciñen a las supuestas reglas del género terminan escribiendo malos cuentos. Benedetti insinúa que la técnica facilita el manejo del suspenso y el final imprevisible.

Precisamente el prólogo orienta la lectura al haber enunciado los temas coincidentes, planteado una síntesis sobre el aporte personal de cada narrador incluido. Sin embargo, no compartimos la idea de que después de leer esta parte se puede cerrar el libro. Ya líneas arriba, expusimos que los conceptos de los narradores están imbuidos más de espíritu poético que didáctico, por lo que se hace necesario el complemento teórico y crítico, que corresponde a la segunda parte del texto.

Por su lado, los textos incluidos en esta segunda sección, dedicada a una larga lista de  teóricos y críticos,  no sólo valen por el derroche de conocimientos y especulaciones sobre el cuento, sino que son verdaderas piezas literarias y su sola lectura constituye, en sí misma, todo un acto placentero.

     
 

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