¿Qué lecciones nos deja la muerte de Abimael Guzmán?

Pier Paolo Marzo Rodríguez
Pier Paolo Marzo Rodríguez

Una lección muy clara: el camino de la lucha violenta para conseguir objetivos sociales o políticos, no solo es inmoral, sino inefectivo, sólo lleva a todo tipo de fracasos, incluso el fracaso existencial, como el que experimentó Abimael Guzmán, muerto mientras cumplía su condena a cadena perpetua por el deterioro de su salud en su celda en el Centro de Reclusión, un día antes de la conmemoración del 29 aniversario de su captura.

Una lección de corolario es la victoria de la inteligencia por sobre el impulso violento. El 12 de setiembre de 1992, el mencionado dirigente de la organización terrorista Sendero Luminoso, fue capturado a consecuencia de un meticuloso trabajo de inteligencia, protagonizado por el Grupo Especial de Inteligencia, estructurado en la Policía Nacional desde 1989. Como lo documenta el periodista Gustavo Gorriti, entre otros, dicha captura y la de otros dirigentes de la organización terrorista, se basó en el conocimiento a detalle del funcionamiento de la organización. Paradójicamente, hoy cunde en redes sociales la des-información o el mero adjetivo o la especulación cómo centro de las opiniones sobre asuntos importantes, como lo es el terrorismo y el pensamiento violentista que lo promueve y alimenta. A contrario, la información precisa y el pensamiento crítico permitieron la captura del líder del violentismo acabado de fallecer en prisión, y permitirán atajar cualquier intentona terrorista que pretenda desafiar a los líderes o lideresas que busquen cambios en democracia.

Precisamente, uno de los más alevosos crímenes cometidos por integrantes de Sendero Luminoso, fue el asesinato, el 15 de febrero de 1992, de María Elena Moyano, dirigente de la Federación Popular de Mujeres de Villa el Salvador, militante del Movimiento de Afirmación Socialista (luego de haberse retirado del Partido Unificado Mariateguista), y teniente alcalde de Villa el Salvador por la Izquierda Unida. La insanía contra esta dirigente social y política de la izquierda democrática, fue tal que su cadáver abaleado fue dinamitado.

En el valle del Alto Huallaga la organización fundada por Abimael Guzmán cobró víctimas desde 1983, con el asesinato del gobernador de Cayna. En 1984, asesina a los alcaldes de Tingo María, Tito Jaime, y de Pumahuasi. Ese mismo año se destruyen las sedes de las Cooperativas Piura, Arequipa y Aucayacu, en el distrito de José Crespo y Castillo. 1987 fue otro año de asesinatos: caen por obra de Sendero Luminoso el dirigente del partido aprista Vicente Valdivieso en Santa Rosa de Shapajilla;  el alcalde de Naranjillo, Víctor Salinas y el alcalde de San Rafael, Luis Llanos. La lista es larga y está detallada en el Informe Final de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación1.

En suma, los distintos delitos que Sendero Luminoso se atribuyó, algunos de ellos ordenados por el mismo Abimael Guzmán (como la masacre de campesinos en Lucanamarca), justifican la cadena perpetua que se le impuso. A la vez, nos ejemplifican qué es una acción terrorista. Hacer memoria de ello nos permitirá evitar la banalización del terrorismo que se aprecia en el cruce de opiniones de estos tiempos.

La muerte de Abimael Guzmán nos puede ayudar también a confirmar su muerte ideológica, mediante el estricto cumplimiento de las reglas institucionales sobre la disposición de su cuerpo, en el marco del Estado de Derecho que él quiso destruir. Sin embargo, el cultivo de la democracia como diálogo de todos y por ende, contradictoria con la imposición terrorista, es aún una tarea pendiente en nuestro sistema educativo.

1 http://cverdad.org.pe/ifinal/pdf/TOMO%20IV/SECCION%20TERCERA-Los%20Escenarios%20de%20la%20Violencia/Historias%20Regionales/1.4%20REGION%20NOR%20ORIENTAL.pdf

  •  
  •  
  •  
  •  
  •   
  •   

Agregue un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *