Recuperemos nuestro país Estamos a tiempo

Germán Vargas Farías

El llamamiento publicado el pasado domingo por la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, la Comisión Episcopal de Acción Social, Paz y Esperanza y otras quince organizaciones de la sociedad civil, con ocasión del 19 aniversario de la entrega del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), es muy pertinente y refleja la voluntad de un gran sector de peruanas y peruanos -la mayoría- que queremos vivir en paz, y libres de violencia, injusticia y discriminación.

«Recuperemos nuestro país», es el inicio de la invocación, refiriéndose a la situación actual que parece ser la de un país «tomado», o que ha sido usurpado por malhechores enquistados en el Poder Ejecutivo, Congreso de la República y todas las principales instituciones del Estado, además de casi todos los partidos políticos.

Recuperar el país implica hacerlo de todos, a partir del reconocimiento de la ciudadanía plena de todos los peruanos y peruanas. Para la CVR, ese es el gran horizonte de la reconciliación, la cual conceptúa como un nuevo pacto fundacional entre el Estado y la sociedad peruanos, y entre los miembros de la sociedad.

¿Es posible proyectar un nuevo pacto fundacional cuando la política que se practica parece ser la de exterminio, y cada grupo fantasea con su «solución final»? Muchos creemos que sí, porque quienes juegan a destruirse unos a otros en realidad lo hacen cobardemente, simplemente porque temen que las esquirlas les alcancen.

Es tal el absurdo que un tipejo como Vladimir Cerrón dice con desparpajo que prefiere «coincidir con el fujimorismo y con otros», se entiende extremistas de derecha, porque la izquierda caviar es la principal amenaza, «un enemigo más poderoso que la ultraderecha neofascista».

El «comunismo» de Cerrón y de Perú Libre es muy parecido al extremismo de derecha que representan Jorge Montoya, López Aliaga y otros. Coinciden en su desdén por la democracia, la cual utilizan para favorecer sus intereses, o simplemente subsistir. Lo grave es que mientras intentan o aparentan eliminarse uno a otro, van destruyendo el país.

Siendo esos los que gobiernan el país, por «mandato popular», y estando tan fervientemente dedicados a profundizar la descomposición institucional, no hay más alternativa que acortar sus mandatos y proceder a hacer las reformas políticas y electorales que eviten el riesgo del descalabro total que nos acecha.

Así como es iluso creer que la crisis se resolverá cuando se vayan todos, es seguro que la situación empeorará si permanecen en el poder.

En ese contexto, el escenario más probable que se avizora es la suspensión judicial de Pedro Castillo. Si esta se da, puedo apostar que por fin la calle hablará, pero no para defender a Castillo, sino para reclamar la convocatoria a nuevas elecciones generales.

«Que el clamor del pasado, afirme nuestro compromiso presente», propone el llamamiento antes referido, indicando que hay una historia que no debemos olvidar, y tampoco repetir, y reconociendo que poco hemos aprendido de la tragedia del conflicto armado interno ocurrido entre 1980 y 2000, y que seguimos siendo un país con profundas grietas y manifestaciones diversas y terribles de violencia, corresponde convocar a quienes quieran edificar un Perú donde todas y todos podamos vivir con dignidad, y mirarnos sin odio, sin miedo y sin vergüenza.

La propuesta de recordar el pasado es pues para reconocer lo que tenemos pendiente, pero también para reconocer esa otra historia, «la de la esperanza», y las «voces de coraje, de quienes desafiaron el abandono para defender a su familia, de quienes cumplieron su deber de defender al país sin violar la ley». La historia que debiéramos empezar ya.

La convocatoria es amplia, aunque especialmente dirigida «a las y los jóvenes, y a todas las personas dispuestas a ser voceras de la dignidad y de la esperanza», «porque aquí nadie sobre, y por un futuro con justicia, respeto y paz».

     
 

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