Una Fiscal, un presidente, y la ruina que asoma

Germán Vargas Farías

Parece que los martes no son días buenos para el presidente Pedro Castillo. Fue un martes, 09 de agosto, cuando fiscales y personal de la Policía Nacional del Perú llegaron a Palacio de Gobierno para cumplir la orden de arresto contra Yenifer Paredes, la cuñada del presidente a quien llama hija por haberla criado, al lado de su esposa Lilia, desde pequeña.

El día aquél se detuvo al empresario Hugo Espino, y también al alcalde de Anguía, José Medina, sindicado como operador político de Pedro Castillo.

El martes de ayer fue todavía peor para Castillo. El día empezó con operativos de allanamiento en sus oficinas en el Congreso y en las viviendas de seis parlamentarios de Acción Popular, denominados ‘Los Niños’, a quienes se investiga por el presunto delito de organización criminal.

Casi paralelamente a esta diligencia realizada por representantes de la Fiscalía y agentes de la Diviac, se ejecutaron las órdenes de detención preliminar por el plazo de diez días dictadas contra Segundo Sánchez, dueño de la casa del pasaje Sarratea, en Breña, así como contra algunos de los ex asesores presidenciales sindicados como presuntos integrantes del ‘Gabinete en la Sombra’.

Y para terminar el día, que quizás marque el comienzo del fin de algo más relevante aún, la Fiscal de la Nación, Patricia Benavides, presentó ante el Congreso la denuncia constitucional contra el jefe de Estado por los presuntos delitos de organización criminal, tráfico de influencias agravado y colusión.

Ha dicho la Fiscal Benavides, citando al jurista y filósofo Cicerón, “No hay vicio más execrable que la codicia, sobre todo, en quienes gobiernan la Nación, pues servirse de un cargo público para el enriquecimiento personal resulta ya no inmoral sino criminal y abominable”. Magnífico enunciado, que adquiriría mayor significado si quien lo dijera estuviera exenta de sospechas.

La respuesta de la Fiscal de la Nación a los cuestionamientos por la remoción de la Fiscal Bersabeth Revilla, que estaba a cargo de la investigación contra su hermana, Emma Benavides, es insuficiente, y contradice el compromiso que hizo antes de asumir el cargo respecto a que “jamás interferiría” en una investigación donde esté involucrado un familiar.

El asunto se agrava por cuanto se le imputa a la hermana de la Fiscal de la Nación, y a otros jueces de la Sala Penal Nacional, haber recibido supuestos sobornos de Roberto Gómez Herrera, alias ‘Huevo’, un capo del narcotráfico que fue extrañamente exculpado y liberado por el referido tribunal.

No obstante, soy de los que creen que hay mérito para investigar a Pedro Castillo y muchas de las personas de su entorno, me parece correcto que el Ministerio Público haya resuelto iniciar la investigación preliminar, aunque puedan ser discutibles varios de los términos de la denuncia constitucional.

El debate jurídico ya se había instalado desde semanas atrás, y al conocerse la denuncia se ha avivado con la manifiesta intención de buscar efectos políticos que agudizarán más nuestra ya complicada situación.

Lo que se viene, entonces, es un escenario de mayor crispación en el que se hacen invocaciones a la responsabilidad y serenidad al tiempo que se habla de intentos de golpe de Estado, amedrentamiento, persecución política, e incluso de sangre que corre por la calle, y de entregar la vida “en beneficio del pueblo”.

Así ha sido este martes, recordando que la palabra proviene del latín Martis díes, o «día de Marte», que se refiere también al dios de la guerra, el cual se asocia a destrucción, sangre y violencia.

Porque siendo cierto que hay indicios muy graves sobre la existencia de una organización criminal en el gobierno del presidente Pedro Castillo, lo es también que parece ocurrir lo mismo entre sus adversarios, y es terrible pero podría ser igual entre las instituciones del Estado que debieran defender la legalidad y librar al país de la ruina que asoma.

     
 

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