¡Váyase señor Castillo!

Ps. Richard Borja
Director Instituto Peruano de Psicología Política

¡Váyase señor Gonzales!, le espetó José María Aznar al mítico político de izquierdas y entonces presidente español Felipe Gonzales en el Congreso de los diputados, encajando para la historia una de las frases más famosas del debate político. En medio de una ola de escándalos y hechos de corrupción y rematado por la Izquierda Unida en ese entonces, a Gonzales no le quedó más remedio que dimitir y llamar a elecciones.

El fin de semana hubo dos terremotos, uno muy lamentable que causó estragos en la región de Amazonas, donde un niño falleció y hubo cuantiosos daños materiales, tragedia que merece toda nuestra solidaridad y apoyo (quizá en Huánuco se pueda organizar una campaña como el Huánuco Solidario, que se emprendió cuando ocurrió la tragedia del niño costero) pues son estas las tragedias que deben unirnos en la solidaridad y como país. El otro terremoto llegó desde un programa dominical al cerrar la noche del domingo, un vídeo donde se veía al presidente Castillo bajar de un auto, con una gorrita en la cabeza, entrando furtivamente en horas de la noche a una vivienda en Breña para reunirse con empresa que firmó un contrato con el Estado por S/ 232 millones. Este sismo informativo remeció las frágiles bases sobre las que se sostiene el “des”gobierno del señor Castillo. Los comunicados de algunas instituciones y partidos cuyos votos son vitales en el parlamento, sumado a su marcado nerviosismo así lo reflejan.

Si hace unos días era poco probable que se logren los votos (52) para que se admita la moción de vacancia y Castillo o su abogado deban asistir al parlamento a responder las interrogantes de los congresistas; hoy, eso parece mucho más probable, pues incluso al más ingenuo le resultaría mínimamente sospechoso que un presidente se reúna furtivamente con una empresa que gana un contrato millonario con su gobierno.

Parece que Pedro Castillo será vacado; no ahora, pero muy pronto; el cuchillo que lo liquidará políticamente y sacará de palacio vendrá de su mismo entorno»

Hay una coincidencia casi general en que estos hechos deben ser explicados con claridad; algo que, en su mensaje a la nación brindado en la noche de ayer lunes no hizo, y lejos de atender las interrogantes de un país entero optó por victimizarse, cuestionar a otros políticos y declarar en emergencia las regiones de Amazonas, Cajamarca, San Martín y Loreto, escudándose en la tragedia natural para no asumir que su gobierno mismo se va convirtiendo en tragedia.

Parece que Pedro Castillo será vacado; no ahora, pero muy pronto; y como advertí en anteriores columnas, el cuchillo que lo liquidará políticamente y sacará de palacio vendrá de su mismo entorno, de quienes se sienten ahora traicionados y de quienes, en su posición de aliados, lo encuentran insostenible, torpe y poco manejable. No sería la primera vez que el puñal de la traición esté oculto y con marcado filo en la vicepresidencia. Dina Boluarte ha estado silenciosa estos días, clara señal de que quiere las miradas lejos de ella, mientras sostiene relaciones de confianza con sectores a quienes promete estabilidad, poder, control y una continuidad de privilegios a cambio de un soporte elemental que la ponga al frente de una alianza de izquierdas recompuesto, donde la paz y la convivencia de ellas son algo cercano a la ficción, pues sabidas son las peleas sangrientas que estas libran por el poder.

Ese apetito de poder hace que izquierdistas emblemáticos traten de justificar y defender a Castillo: “se puede haber reunido con gente de Alianza Lima” dice la congresista Chabelita, dejando claro que lo suyo es la comedia y el espectáculo. “No siempre las reuniones del presidente deben ser públicas” dice el ministro Cevallos, blandiendo espadas en defensa de su cuota de poder. “Se han sostenido reuniones de seguridad nacional”, dice el ministro de Defensa y ex fiscal chiclayano, Juan Carrasco, quien sin duda es un personaje clave en este puzzle palaciego. Veronika Mendoza, una de las principales aliadas del gobierno y con una generosa cuota de poder en él, se ha ocultado en el silencio, igual que la llamada juventud del bicentenario, no sé si por vergüenza, cinismo o por complicidad. Pero vamos, esta gente se cree que somos imbéciles, ¿no?

En España, los presidentes de gobierno tienen la opción de dimitir si pierden los apoyos parlamentarios o su gobierno padece escándalos, en Perú no. Acá, bajo la sombrilla de la gobernabilidad y la desfachatez, los presidentes se aferran con uñas y dientes al poder que mal usan; pero eso no nos impide parafraseando a Aznar decir fuerte: ¡Váyase señor Castillo!

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