Veinte consejeros, nada menos

Andrés Jara Maylle

“Persona que aconseja o sirve para aconsejar», es la primera entrada del significado de la palabra «consejero» que nos da el Diccionario de la Real Academia.

Y como todos, absolutamente todos necesitamos ser aconsejados por alguien, los gobiernos regionales tienen a un grupo de personas que aglutina a un colegiado llamado sencillamente consejo regional. Los integrantes de este consejo son elegidos por el voto popular y cada provincia debe tener mínimo un representante.

Y como Huánuco tiene once provincias, lo ideal hubiese sido que tenga once consejeros, número más que suficiente; pero como el estado (esa abstracción nefasta) es populista y botarate (como llamaba mi padre a la gente despilfarradora), han generado argucias «legales» a tal punto que ahora tendremos ¡veinte consejeros! que la semana pasada recibieron, orondos, sus respectivas credenciales.

Si hacemos un breve repaso en el tiempo y contamos los periodos de la señora Luzmila Templo, del abogado Jorge Espinoza, del médico Luis Picón, del ingeniero Rubén Alva y del actual gobierno, fácilmente nuestra región ha tenido ya más de cincuenta consejeros, a cuál peor. Y si a ello sumamos los veinte que se integrarán en menos de un mes, cómodamente habremos superado los ochenta representantes.

Estoy seguro que, salvando contadísimas excepciones que en buena hora dignificaron la función de los consejeros, nadie se acuerda de ese medio centenar de individuos que solo calentaron los asientos y levantaron la mano dócilmente a favor del poder de turno. Y si a alguien todavía se le menciona a pesar del tiempo transcurrido, lo más probable es para recordar sus muchas y sonadas marrullerías cuando estaban en el gobierno.

Si hacemos las sumas y las restas no hay duda que (reconociendo siempre las excepciones) el consejo regional, o los consejeros, que es lo mismo, han sido sobre todo un lastre para el desarrollo regional. Hubo, incluso, momentos tan graves que los consejeros no solo eran un estorbo una rémora, sino se habían convertido en elementos dañinos ante la ciudadanía que miraba perpleja su actitud nefasta y su comportamiento pernicioso.

Eso sí, no dudamos que, por lo menos en el papel, la función de cada uno de ellos es importante; legislan, fiscalizan y representan, tienen un control sobre los funcionarios de la administración regional, y hasta proponen políticas regionales que conlleven al desarrollo de la patria chica. Lamentablemente, la historia nos dice otra cosa.

Para nuestra mala suerte muy poco han hecho nuestros consejeros desde que se instaló por primera vez el uno de enero del año 2003. Increíble: ¡diecinueve años de inoperancia! La mayoría de ellos, por lo general, se dedicaron a cubrir las trapacerías de los gobernadores regionales, las pillerías de los altos funcionarios. Supieron, eso sí, acomodarse en las faldas del poder y medrar de él, aunque sea conformándose con migajas.

Así, muchos, prefirieron ser la coraza del gobernador, seguramente a cambio de algunos «favorcitos» por aquí o por allá. Por ejemplo, un empleo en alguna dirección regional al hermano, a la esposa, al amigo, a la cuñadita, al primito, a la tía, a la hermanita, etc. Acaso también una obrita para una empresa «fantasma» de la cual son socios o dueños usando testaferros. Muchos digo, se convirtieron en agentes de empleo para los suyos. A cambio de la prebenda, estos se convirtieron en fantoches obedientes, en monigotes obsecuentes. Claro, y ya lo dije, por fortuna también hubo pocos que se comportaron a la altura de las circunstancias, y demostraron coraje al enfrentarse a la fuerza maligna y todopoderosa de algún gobernador y dejaron muy en alto la esencia verdadera del consejero regional.

Por eso, aunque me sorprenda y no esté de acuerdo con tantos representantes para el próximo periodo, es bueno recordarles que los nuevos consejeros regionales tienen ahora un papel trascendente para la convivencia democrática y para desintoxicar el ambiente perverso del consejo regional. No hay que olvidar que el éxito o el fracaso del gobierno regional que se viene, será también el éxito o el fracaso del veinte consejeros que se integrarán en breve. Ellos son parte de toda la administración y serán responsables por lo que le pase a este Huánuco en desconcierto.

No es fácil su tarea, la tentación para caer en la malhadada corrupción estará siempre presente (o pensando en lo peor, quizás algunos de ellos ya son corruptitos en sus provincias o potencialmente corruptibles), pero no es bueno perder la esperanza. Son veinte consejeros y me niego a creer que los veinte sean lo peor que han elegido los ingenuos electores. De todos, seguramente, habrá alguien decente, íntegro y sensato. Habrá algún valiente que sacará cara por todos nosotros y se negará a caer en las garras de la podredumbre regional. Estaremos atentos.

Huánuco, 4 de diciembre de 2022

     
 

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