Videojuegos: banquetes emocionales con sabor a trastorno

Edgard A. Gaspar Vergara
Comunicador Social

«¡Dale man, ven, ven, ven; revíveme, revíveme!… ptm… ¡Eres una rata!» La enérgica y frustrada voz de Bryan contrasta con su endeble figura. Tiene apenas trece años de edad, pero ya cuenta con una experiencia de siete. Su habitación está vestida con afiches de Minecraft, Fortnite, Free Fire, Valorant, entre otros.

Bryan rumia su cólera por la partida perdida, recostado en su rojo sillón gamer. Tiene los ojos irritados por la rabia y las largas horas de exposición a la pantalla de la Ryzen 9 que apenas hace un par de meses suplió a la desfasada Ryzen 7. Una montaña de trastos de alimentos a medio consumir, empaques de snacks y latas de Volt y Monster reposan entre su teclado y mouse de refulgentes luces led multicolores.

El arrebato no le dura mucho a Bryan, porque siempre habrá la satisfacción de iniciar una nueva partida, y enfrentar nuevos enemigos, intentando siempre ganar y ganar, porque eso es lo que él busca: demostrar ser el mejor. Los audífonos le impiden escuchar el canto del gallo del vecindario, anunciando que son las tres de la madrugada. En la habitación contigua, sus padres duermen a placer, después de una intensa jornada laboral, con la ayuda del alprazolam.

Una nueva partida le da a Bryan nueva vida y nuevas ganas de seguir despierto. Es hijo único y también víctima de la excesiva «atención» y «afecto» de sus padres. Ello explica el ordenador y aditamentos de última generación. Son de esos tipos de padres que consideran que mientras más cosas tengan sus hijos, más felices serán y menos cuenta se darán de sus ausencias. El débil cuerpo de Bryan pide una tregua, pero el muchacho le mete un buen chorro de Monster, y a seguir en la batalla, que aún hay muchos enemigos por vencer. Total, es fin de semana, y mañana puede dormir hasta el mediodía…

La adicción a los videojuegos es un trastorno psicológico con un patrón de comportamiento y de pensamiento por el que la calidad de vida y la autonomía de la persona se ve limitada por la necesidad de dedicar mucho tiempo a jugar. Normalmente, esta dependencia no solo se plasma en el hecho de tener unas ganas intensas de iniciar una partida en cualquier momento, sino que también hay problemas para dar la partida por terminada.

La interrupción o postergación del juego genera una intensa irritabilidad y frustración en la persona, que puede generar aislamiento, incomunicación e incluso peleas. Los videojuegos usan múltiples estrategias para enganchar al jugador, y casi todos derivan a la venta de mejoras adicionales, a los que los padres terminan accediendo.

Algunos síntomas de adicción a los videojuegos son: Pensamientos constantes sobre el videojuego, fantaseando con partidas o recordando las ya jugadas, falta de comunicación, consecuencia del aislamiento físico y de la tendencia a fantasear, necesidad de jugar diariamente y durante muchas horas, eclipsando otras formas de ocio, desatención de las relaciones sociales, de las responsabilidades y del cuidado personal, entre otros.

Las probables causas de la adicción, podrían ser: Hábitos de vida solitarios, falta de otros estímulos y problemas en casa o en la escuela, que promueven en los niños el escape a mundos imaginarios.

Si bien es cierto que los videojuegos pueden resultar recreativos y hasta didácticos y educativos, es necesario que los padres tomen las riendas imponiendo ciertas normas para que los hijos puedan acceder a ellos, sin caer en la adicción. Mientras algunos casos crónicos deben tener la opinión de profesionales en salud mental para buscar la solución; en otros, son los mismos padres o adultos de la casa los que deben generar distintos espacios de recreación y socialización. Retomemos nuestra responsabilidad con los futuros dueños del planeta.|

     
 

Agregue un comentario