El riesgo

De un tiempo a esta parte los cargos de prefecto y subprefectos se han convertido en un factor de disputas y enfrentamientos en el partido de gobierno y en un elemento perturbador en la administración gubernamental.

La reciente designación de Jenny Santiago como prefecta regional de Huánuco ha avivado las diferencias en el partido magisterial en formación que lidera el presidente de la república, Pedro Castillo. Cuánto avance esa disputa dependerá únicamente de los dirigentes de la organización y de la capacidad de la nueva autoridad política para calmar a sus detractores.

Por ahora lo que se advierte es una nueva competencia entre los castillistas —y acaso también una que otra facción de perúlibristas— por ocupar las subprefecturas en el departamento. Ya lo anunció Santiago: habrá cambios de subprefectos, «previa evaluación».

A la saliente prefecta Edith Ramírez Calero le reclamaban no proponer como subprefectos «a quienes trabajaron» para que Castillo gane la Presidencia de la República.  ¿A quiénes propondrá Santiago?

Si hay algo que deben entender los castillistas es que las prefecturas y subprefecturas no son la extensión de su organización política; sino, instituciones que cumplen determinadas funciones. No vaya a ser que en su afán de convertirlas en espacios de agitación y propaganda  le den pie al Congreso para desaparecerlas.

 

     
 

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