No se dejan engañar

Uno de los grandes dramas que ha tenido y tiene nuestro país son las contramarchas, los frenos a los buenos proyectos, los sabotajes a las reformas que funcionan, y todo por celo político y/o mezquinos intereses económicos de grupo.

Ha quedado demostrado que tenemos una clase política ajena a los grandes intereses del país, pero muy empeñada con las nimiedades y en satisfacer los apetitos políticos y económicos de pequeños grupos.

Eso es lo que se observa ahora con el sabotaje a la reforma educativa, esa que ya muestra frutos cerrando las grandes fábricas de estafa con el sueño del título profesional, elevando el nivel de competitividad de las casas de estudios superiores e incorporando a docentes a la carrera pública magisterial por méritos.

Pedro Castillo, presidente de la República, también tiene una posición en contra de la reforma educativa, más por intereses políticos que por voluntad de mejorar la educación en el país. Y eso se evidencia en la falta de una contrapropuesta seria a la reforma educativa que ahora un grupo instalado en el Congreso y en el Ejecutivo quieren tumbarse. Y es que tanto la derecha como la izquierda radical, como los políticos mediocres  necesitan de una educación deficiente para seguir manipulando al pueblo, al que usan para llegar al poder y saquear los recursos del Estado.

Por eso, la defensa de la reforma educativa es imperativa y así lo han entendido los jóvenes que se alistan a marchar. Ellos no se dejan engañar.

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