Nunca más

La muerte de  Jharel Isuiza durante una intervención de efectivos del Serenazgo de Amarilis y un miembro de la Policía debe obligar a revisar los protocolos de los patrullajes combinados y las capacidades de los serenos y custodios del orden.

Una situación que parecía de rutina: intervención a una persona ebria haciendo escándalo, se ha convertido en una desgracia para tres familias. Sufre la familia de Jharel su pérdida, sufre la familia del sereno que en su —aparente— intento de controlar a Jharel terminó ajustando más de lo debido su cuello y sufre la familia del Policía que participó en la intervención. Es una triple tragedia. Uno ha perdido la vida y dos han perdido —hasta ahora— su libertad. Y en los tres casos hay consecuencias en el entorno familiar.

Nunca más una intervención de la Policía y del Serenazgo, o de cada uno de forma aislada, debe convertirse en tragedia. Y para eso es también importante la capacitación continua de los efectivos del Serenazgo en técnicas para reducir a una persona, pero también en habilidades de control de ira.

Los serenos, como los policías, deben ser personas que inspiren confianza en la ciudadanía por su correcto proceder, por sus habilidades para enfrentar y controlar situaciones de conflicto y combatir a la delincuencia. Y eso, necesariamente exige inversión. Nunca más otra muerte como la de Jharel.

     
 

Agregue un comentario