Peor que la enfermedad

Las leyes que se hacen como reacción emocional a una determinada coyuntura, casi siempre terminan siendo un instrumento que agrava el problema en vez de resolverlo; o, simplemente, no sirven para nada.

En medio de las designaciones de personas poco o casi nada calificada en altos cargos públicos, el Congreso de la República decidió hacer una ley estableciendo requisitos para los altos cargos públicos pensando en cortarle la viada al presidente Castillo y compañía, en vez de fortalecer la labor de la Contraloría en la vigilancia de que los funcionarios cumplan el perfil profesional establecido, otorgarle facultades para implementar medidas cautelares y sancionadoras con procesos rápidos.

Otra acción que mejor pudo hacer el Congreso es fortalecer el rol de Servir. Es decir, que este organismo empiece a ser el proveedor de profesionales calificados para los altos cargos públicos.

Pero no. Usaron el hígado y lo único que han generado es una escasez de profesionales para ocupar altos cargos en la administración pública y generar una suerte de círculo vicioso de las mismas personas rotándose en los puestos.

La ley del Congreso no ha evitado que Castillo y algunos de sus funcionarios sigan designando cuestionados personajes en cargos públicos. Aún se puede corregir y fortalecer Servir y la Contraloría para que el problema no sea peor que la enfermedad.

     
 

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